martes, 16 de mayo de 2017

mayo

Le quiero.
Con todas mis fuerzas.
Como si sobrevivir ahora mismo dependiera de él.
Porque me clavan cinco puñales y no noto nada si me coge de la mano y me calma.
Pero, nada puede calmarme si son tus manos las que empuñan el arma.

Has sido tú.
Tú mismo sentenciaste todos mis pensamientos,
y ahora vuelvo a confundir cada sentimiento,
en mi cabeza sólo hay dudas
y ya no sé ni lo que quiero.

Ese día me vi incapaz de creerme nada que me superponga a todo lo demás, cualquier cosa que me haga feliz, y así durante lo que me arrastrase de vida.
Siempre acude desconsolada a mi mente la misma imagen de unos ojos llorosos en los que se reflejaba una pantalla.
Y cómo los cerraba.
Y cómo caían para suicidarse
desde mis pupilas
hasta mi barbilla
las lágrimas.
Y ahora los vuelvo a abrir, más que nunca, para no perder detalle, sin pestañear, y sólo para que todo esto no vuelva a pasar.
Y desde que las ojeras demacran mi cara, cada día voy perdiendo un pedacito de mi alma.

Pero en el lecho de esta séptima vida
que aún no sabe a qué aspira,
podemos corroborar que la curiosidad
mató al gato,
pero que, al menos,
murió sabiendo la verdad.

viernes, 28 de abril de 2017

abril, 2017

Como los ceniceros
que llenamos
juntos.
Nuestros corazones.
Desbordados.
Llenos de colillas
y ceniza.
Llenos de restos de algo
que antes hubimos disfrutado.
De aquello 
que sólo queda limpiar.
Dejar sitio para todo lo que podamos
volver a disfrutar.
Y así,
hasta que el cenicero se harte
de tantas quemaduras
al apagar los cigarros
y decida que
tal vez mejor
es apagar
nuestra vida.