martes, 16 de mayo de 2017

mayo

Le quiero.
Con todas mis fuerzas.
Como si sobrevivir ahora mismo dependiera de él.
Porque me clavan cinco puñales y no noto nada si me coge de la mano y me calma.
Pero, nada puede calmarme si son tus manos las que empuñan el arma.

Has sido tú.
Tú mismo sentenciaste todos mis pensamientos,
y ahora vuelvo a confundir cada sentimiento,
en mi cabeza sólo hay dudas
y ya no sé ni lo que quiero.

Ese día me vi incapaz de creerme nada que me superponga a todo lo demás, cualquier cosa que me haga feliz, y así durante lo que me arrastrase de vida.
Siempre acude desconsolada a mi mente la misma imagen de unos ojos llorosos en los que se reflejaba una pantalla.
Y cómo los cerraba.
Y cómo caían para suicidarse
desde mis pupilas
hasta mi barbilla
las lágrimas.
Y ahora los vuelvo a abrir, más que nunca, para no perder detalle, sin pestañear, y sólo para que todo esto no vuelva a pasar.
Y desde que las ojeras demacran mi cara, cada día voy perdiendo un pedacito de mi alma.

Pero en el lecho de esta séptima vida
que aún no sabe a qué aspira,
podemos corroborar que la curiosidad
mató al gato,
pero que, al menos,
murió sabiendo la verdad.