viernes, 25 de diciembre de 2015

1ª persona de la indecisión.

Noto cómo el traqueteo llega hasta mi espalda. Mis piernas. Incluso mis manos. Las mismas que escriben esto.
Veo cómo las gotas de lluvia se resbalan por el cristal, haciendo competencia a las que caen de mis ojos.
Siento el mismo frío que me hiela la sangre también en mi piel.
Pienso en cómo algunos detalles del día a día se han ido convirtiendo en una pesadilla.
Rezo por que se abra un claro entre estas nubes grises que atormentan mi cabeza.
Deduzco cómo el mínimo pensamiento momentáneo puede romper todos los demás que siempre tanto me han costado aclarar.
Trago palabras que nunca pensaba que se irían hasta mi boca para no salir.
Llevo el peso en los hombros de un estruendo que me deslumbra y me derrumba.
Rompo todos los relojes que me avisan de que llego tarde a decidirme.
Saco conclusiones por las que no podría ni pedirme perdón.
Pongo las cartas sobre la mesa, pero están boca abajo.
Intento verme bien, pero sigo con los ojos cerrados.