lunes, 27 de diciembre de 2010

No te pido una nueva oportunidad, yo solo quiero continuar con la primera.

No, no será fácil, lo sé. Pero escúchame tan solo unos segundos. Cierra los ojos. Visualiza todo lo que hemos pasado juntos, tú y yo, y nadie más. ¡No! No los abras aún. Respira hondo, despacio. Toma una gran bocanada de aire. Ahora imagina, por un momento, todo lo que podríamos llegar a hacer, lo que podríamos llegar a ser. Imagina tu mano y la mía, entrelazadas, mientras damos un paseo por la playa, al atardecer. Y como dos locos enamorados, correr hacia el agua, y sumergirnos. Besos con sabor a sal. Imagina, una tarde lluviosa, una película que me hiciera llorar. Nosotros bajo la manta, sobre el sofá. Y yo escondiendo la cara en tu pecho, porque sabes que odio que me vean llorar. Imagina despertar por la mañana y ver mi cara. Imagina un diluvio, en la noche, mientras volvemos a casa. Bailar sin música, un vals. Y, sabes que tengo vértigo, pero, por si te gustara la idea, imagínanos saltando de un avión con un paracaídas, porque sería capaz, solo si tú me lo pidieses. Imagina como sería visitar París a mi lado. Imagínate oír mi voz susurrándote “te quiero” todos los días. Imagina mil locuras, noches en vela, ataques de amor, explorar cada rincón de la felicidad. Y todo esto agarrado de mi mano. Mirarme a los ojos cada día. ¿Lo imaginas? No necesito que me digas nada. Sonríeme, tan solo éso. No te estoy pidiendo una nueva oportunidad, yo lo que quiero es continuar con la primera.

Y a mi no me hace falta que pase nada más si estoy contigo.

¿Sabes?, yo también se por qué te quiero. Porque haces las cosas fáciles, porque si tuviera que elegir un sitio para vivir sería a tu lado, porque tumbada contigo el mundo es tan pequeño que parece que no puede pasar nada más, y a mi no me hace falta que pase nada más si estoy contigo.

Y por ti, ahora cuento hasta diez y los números que hagan falta.

Soy esa clase de persona que se siente molesta cuando la piden ayuda porque no tiene ni idea de nada y la cuesta admitirlo. Esa clase de persona a la que no se le puede confiar mucho y que a la minima oportunidad que tenga de soltar algo, lo suelta. También soy esa clase de persona que no tiene ni gota de paciencia y que explota a la minima por muy insignificante que sea la causa. Soy... bueno... era, era todo eso y mil cosas más, hasta que llegaste tú... tú me has cambiado. Gracias a ti, ahora agradezco a los demás que acudan a mi para ayudarles. Ahora me callo las cosas por miedo a que desconfíen de mi. Y por ti, ahora cuento hasta diez y los números que hagan falta. Gracias.