jueves, 23 de marzo de 2023

hace tiempo... nada

Hace ya tiempo que me convencí de que era incapaz de acabar nada.

Sobre todo lo que hace que mi alma se arrastre sin posibilidad de encontrar salida.

Hace ya tiempo que dejo los cuadernos a medias, las frases sin punto y las palabras sin sentido alguno.

Sobre todo cuando no soy capaz de expresar todo lo que me quema por dentro.

Hace ya tiempo que me cuesta saber lo que siento, por qué y cómo pararlo.

Sobre todo porque no sé sacarlo de mí, agota, y duele tanto.

Hace ya tiempo que aprendí a dejar la cabeza en standby sólo para que no te traiga hasta mí.

Sobre todo al cerrar los ojos, cuando es inevitable que mi mente dibuje los tuyos.

Hace ya mucho, pero que mucho tiempo, que no me entiendo. 

Sobre todo porque no me hablo, así no sé ni lo que pienso ni lo que siento.

Hace ya tiempo entendí que, para huir de todo esto, es mejor no empezar nada.

Sobre todo porque sé que soy capaz de acabarlo.

Hace ya tiempo que no hay nada sobre todo.

lunes, 27 de febrero de 2023

hoy y siempre

A que no sabes dónde he vuelto hoy...

Hoy he vuelto a recordar tu cintura, tiempo después.

Hoy he querido pensar que seguía siendo mía, otra vez.

Hoy he intentado admitir que me muero por ti, sin querer.

Hoy he decidido soñarte, de nuevo despierta.

Hoy te desvisto con la mente, ya que mis manos no pueden.

Hoy me acordé de tu mejilla rosada cada vez que te decía lo guapo que estabas, a todas horas.

Hoy quería creer que no fue esa la última vez que te dije que te quería, porque aún lo sigo haciendo.

Hoy pensaba en volver a acariciar tu pelo suave, como tú.

Hoy sabía que no volvería a verte, así que seguí escribiéndote.

Hoy, también fue ayer, también será mañana...

Escríbeme, por favor... 


jueves, 28 de noviembre de 2019

7 de octubre de 2019

Con qué cara miras a una persona que sabes que va a faltarte en unas semanas habiendo estado toda la vida a tu lado.
Cómo dices adiós a todos los momentos que has disfrutado junto a ella para que ahora se conviertan en recuerdos de una sola memoria.
Cómo la llamas mañana por teléfono y la felicitas por su cumpleaños sabiendo que va a ser el último.
Dónde tengo yo un ápice de valor para enfrentarme a una despedida para la que no estoy preparada.
Jamás encontraría algo parecido a una respuesta aunque tuviera toda la vida para preguntármelo cada día.
Aunque, al fin y al cabo, y como si fuese capaz de conocerme en un futuro, estoy segura de que estos interrogantes me despertarán incómoda cada mañana y se acostarán a mi lado cada noche.
Para recordarme que ya no estás.
Te voy a echar de menos.


martes, 9 de octubre de 2018

recordando el sabor del dolor y el fracaso

Abrí los ojos y ahí estaba.
Mi mayor enemigo.
La pesadilla que procuraba evitar a toda costa.
Con ese significado de fracaso y dolor.
El suelo.
Pero no me detuve.
Apoyé en él mis manos y, con toda la estabilidad que puede tener una niña de 1 año mientras oye cómo toda su alrededor la corea para tal acto, me puse de pie y emprendí de nuevo el camino.
Un paso.
Primero la izquierda.
Otro paso.
Luego la derecha.
Alterné esos movimientos consiguiendo una velocidad media de 1 metro por hora. Pero esta vez conseguí llegar a los brazos de mi abuelo sana y salva.

Llevaba un minuto y medio ahí tendida cuando escuché que el juez de silla repetía mi nombre por segunda vez.
Levanté la vista y vi cómo recogían la bola que acababa de fallar y me había hecho reencontrarme con mi viejo enemigo.
Con el fracaso y el dolor que supone.
Con aquel frío...
Pero esta vez no había nadie coreando mi nombre ni animándome a levantarme.
Sólo encontré con la mirada a una contrincante impaciente por verme perder y a un juez de silla aún más por irse a comer.
Recogí la raqueta del suelo y me levanté.
Quizá fue la rabia al pensar que nadie creía en mí.
Quizá fue la paranoia que vio al mundo entero en mi compra.
Entonces recordé:
Un paso.
Primero una lágrima.
Otro paso.
Luego una sonrisa.
Oí a mi contrincante preguntarme algo, ¿qué sería? Daba igual, ya sólo me oía a mi misma: Puedes. Podrás. Hazlo.
Y lo hice.
Seguí.
Hasta que no pude más.
Hasta el final.
No me llevé aquel partido, pero tampoco perdí.
No todos los caminos tienen finales felices, pero de todos se aprende.

domingo, 3 de diciembre de 2017

ahora tengo un buen recuerdo del olor a fritanga de mar

Miro esa foto y es como si volviese al momento exacto en el que fue sacada.
Recuerdo cómo colocaba su pierna entre las mías para dejar mi izquierda también entre las suyas.
Aún puedo sentir cómo me rodeó la cintura con un sólo brazo, y estábamos tan cerca que podía llegar hasta la otra cadera para convertirlo en un maravilloso abrazo.
Yo hice lo mismo, pero con el brazo sobre sus hombros, con la mano agarrándole del derecho... todavía soy capaz de acordarme de esa sensación.
Me encantaba entero, sí, pero siempre termino por descubrir mis debilidades.
Como la que también tenía hacia su cara.
Por eso también la acariciaba con la mano sobrante, mientras él destinaba la otra suya al mismo acto con sus maravillosos dedos en esa pierna que cada vez se oprimía más entre las suyas.
Cómo no íbamos a besarnos, dentro del amor y la felicidad de aquella noche con olor a mar, mientras de fondo oíamos todo el barullo de un paseo marítimo al borde del puerto.
También recuerdo con facilidad que nos sonreímos después de todo aquel segundo en el que una eternidad no hubiese sido suficiente para vivir, y recuerdo que vinieron un par de besos más, o tres, me da igual.
Nos daba igual.
En aquel momento no pensamos que fuese a acabar.
Ahora sólo queda de ello una foto.
El recuerdo de un olor a mar.
Y en mi vida un terremoto.

viernes, 1 de diciembre de 2017

aquí no ha nevado

¿Cuántas veces más tendré que repetirme que lo hice mal para darme cuenta de que ya no hay vuelta atrás?
Cada minuto que sobrevivo pensando en qué hubiese sido, en que sería ahora si hubiese tomado el otro camino... a mi parecer, y a mi padecer también, el que considero correcto.
Muy consciente de ello, duele todavía más el hecho de saber todo lo que eché a perder para ganarme la mayor de las condenas cada vez que lo recuerdo.
Por poco que sirva lamentarme de mis aún más lamentables decisiones, estoy convencida de que la situación no podía haber sido de otra manera cuando pienso y me doy cuenta de que tengo lo que me merezco.
Pero, no tranquila con ello, ya me aseguro yo de convencerme de que todavía queda lo peor. Que aquello que va a acabar conmigo por completo está por llegar.
Y que, como le dije a él, no será nada fácil, nunca me referí a ello de esa manera... en cambio, esta vez sí será imposible, por eso será la última.
Aunque de esta nada pueda resucitarme.
Aunque duela.
Que por lo menos no sea tarde.
Y que no deje una sola secuela.

martes, 16 de mayo de 2017

mayo

Le quiero.
Con todas mis fuerzas.
Como si sobrevivir ahora mismo dependiera de él.
Porque me clavan cinco puñales y no noto nada si me coge de la mano y me calma.
Pero, nada puede calmarme si son tus manos las que empuñan el arma.

Has sido tú.
Tú mismo sentenciaste todos mis pensamientos,
y ahora vuelvo a confundir cada sentimiento,
en mi cabeza sólo hay dudas
y ya no sé ni lo que quiero.

Ese día me vi incapaz de creerme nada que me superponga a todo lo demás, cualquier cosa que me haga feliz, y así durante lo que me arrastrase de vida.
Siempre acude desconsolada a mi mente la misma imagen de unos ojos llorosos en los que se reflejaba una pantalla.
Y cómo los cerraba.
Y cómo caían para suicidarse
desde mis pupilas
hasta mi barbilla
las lágrimas.
Y ahora los vuelvo a abrir, más que nunca, para no perder detalle, sin pestañear, y sólo para que todo esto no vuelva a pasar.
Y desde que las ojeras demacran mi cara, cada día voy perdiendo un pedacito de mi alma.

Pero en el lecho de esta séptima vida
que aún no sabe a qué aspira,
podemos corroborar que la curiosidad
mató al gato,
pero que, al menos,
murió sabiendo la verdad.