viernes, 25 de diciembre de 2015

1ª persona de la indecisión.

Noto cómo el traqueteo llega hasta mi espalda. Mis piernas. Incluso mis manos. Las mismas que escriben esto.
Veo cómo las gotas de lluvia se resbalan por el cristal, haciendo competencia a las que caen de mis ojos.
Siento el mismo frío que me hiela la sangre también en mi piel.
Pienso en cómo algunos detalles del día a día se han ido convirtiendo en una pesadilla.
Rezo por que se abra un claro entre estas nubes grises que atormentan mi cabeza.
Deduzco cómo el mínimo pensamiento momentáneo puede romper todos los demás que siempre tanto me han costado aclarar.
Trago palabras que nunca pensaba que se irían hasta mi boca para no salir.
Llevo el peso en los hombros de un estruendo que me deslumbra y me derrumba.
Rompo todos los relojes que me avisan de que llego tarde a decidirme.
Saco conclusiones por las que no podría ni pedirme perdón.
Pongo las cartas sobre la mesa, pero están boca abajo.
Intento verme bien, pero sigo con los ojos cerrados.

lunes, 12 de octubre de 2015

Siempre que le doy dos besos lo recuerdo.
Recuerdo el día en el que nos conocimos, en el que vi por primera vez a la persona más pequeña y más bonita del mundo. O por lo menos, así lo creía.
Siempre recuerdo ese día intentando que sea vagamente, pero acabo haciéndolo con mucha fuerza.
Recuerdo cómo nos enfadábamos por cualquier cosa o nos hacíamos los locos para volver a darnos esos dos besos.. hasta darnos sólo uno.
Recuerdo que gritaba mi nombre revolcándose por el césped, seguido de un ''Te amo''. O variaba la frase para finalmente repetir una y otra vez aquello que hace tanto que no escucho ''¡LA AMO!''
Cualquiera diría que estaba borracho. Y lo estaba. Pero yo veía una preciosa locura que iría aumentando y que conoceríamos más tarde como ''amor''.

jueves, 9 de abril de 2015

A mi razón de ser.


La tinta del bolígrafo que tengo en la mano estaba destinada a una carta de amor que no he sabido empezar.
El folio en el que estoy escribiendo con la tinta del bolígrafo que tengo en la mano, también estaba destinado a una carta de amor que no he sabido empezar.
Todos los pensamientos que he intentado ordenar hace unos minutos para escribirte en este folio y con esta tinta, también estaban destinados a una carta de amor que no he sabido empezar.


No he sabido cómo empezar a decirte que me haces más falta de la que me hago yo.
No he sabido cómo empezar a decirte que mis días sin ti, no son días. En realidad, se parecen más a esas noches en las que no puedo parar de pensar todo lo que sería capaz de dar por que estuvieses a mi lado, acariciándome el pelo y abrazándome con las fuerzas que te quedan.
No he sabido cómo empezar a decirte que, mi futuro, si no es contigo, no quiero que sea con nadie. Porque nadie me hace sonreír como tú lo haces, o como lo hace un recuerdo tuyo. Porque consigues que me pierda en tus ojos cada vez que los miro, hasta cuando están cerrados, mientras duermes, porque no puedo dormir por verte hacerlo a ti.
No he sabido cómo empezar a decirte que eres la razón de todas y cada una de mis palabras, tanto de las buenas como de las malas. De las buenas, porque es lo que me sale decir de lo feliz que llegas a hacerme, y de las malas, porque hay días (noches) que no te tengo.
No he sabido cómo empezar a decirte que soy capaz de hacer lo imposible sólo por ver la sonrisa más bonita que he llegado a ver desde que me conozco.
No he sabido cómo empezar a decirte que si me levanto de la cama cada mañana, es por ti, y que, si llego con vida a acostarme por la noche, también lo es. Por volver a repetir la tarea de despertarme al día siguiente y pensar en ti.
No he sabido cómo decirte que, desde que te encontré, mis inviernos son menos fríos hasta cuando te pienso.
No he sabido cómo decirte que te daría todo a cambio de nada, igual que lo haces tú día a día.
No he sabido cómo empezar a decirte que, si te pierdo a ti, no quiero encontrarme ni a mí.
No he sabido cómo empezar a decirte que todo lo que había buscado y necesitado, lo he encontrado en ti, y me lo has ido mostrando cada día, hasta el punto de no dejar de hacerlo nunca.
No he sabido cómo empezar a decirte que me enamoras día sí y noche también, incluso cuando no estás, incluso en ese instante en el que dejo de pensarte un segundo, para volver a pensarte el doble.
No he sabido cómo empezar a decirte que eres, con diferencia, lo mejor que tengo, o lo mejor que me tiene a mí.
No he sabido cómo empezar a decirte en una carta de amor todo esto y más.. porque nunca podría terminarla.

lunes, 6 de abril de 2015

Cualquier día
supuse que te perdería
por segunda vez.

Cualquier día
supuse que sería tan pronto
o tan tarde.

Cualquier día
supuse que volverías a irte
por segunda vez.

Cualquier día
los veranos
volverán a ser inviernos.

Cualquier día
los míos
ya no serán los mismos.

domingo, 15 de febrero de 2015

1-1 = 6+1

Hubo un gato que perdió una de sus vidas por mí.
Yo sabía que le quedaban otras seis, pero su mirada de ojos verdes hacía que me sintiese culpable.
¿Cómo iba a recompensarle?
Yo, una más.
Pensé eso. Una más.
Y, por ser una más, me quedé sin una vida menos.
Ya no tengo ninguna.
Él ha recuperado su vida perdida.
Yo he recuperado las ganas de vivir.
Por estar muerta.