lunes, 12 de mayo de 2014

Quiero que te vayas... que te quiero.

Quiero que tengas frío, el no tener quién te de calor y eches de menos mis abrazos.
Quiero que viajes y te preguntes si lo importante era la compañía y no el destino.
Quiero que sonrías sin mí, para que te acostumbres a la rutina de echarme de menos un domingo... y toda una vida.
Quiero que te saquen a bailar y no sepas dónde poner las manos.
Quiero que escribas una canción que hable de nosotros, te prometo acompañarte al ritmo de tus lágrimas.
Quiero que llegue el invierno y te preguntes cómo es posible que haya tantos abriles en cuatro estaciones.
Quiero que tus lágrimas se pierdan por cualquier alcantarilla y que ni las ratas salgan a consolarte.
Y ojalá veas mi nombre escrito en las matrículas de los coches cuando está el semáforo en rojo y nadie te da un beso.
Ojalá el quinto chupito que te hagas en un desesperado intento por no pensar, te recuerde el doble.
Te recuerde que no hay nadie que te vaya a querer como yo.
Que tu coma etílico no es de alcohol, es de sentimientos.
Ojalá cuando despiertes del coma, mires a tu derecha y te preguntes si estoy en el baño o si realmente ya no voy a volver nunca.
Ojalá en ese instante tu mundo se derrumbe y no tengas a ninguna imbécil para ir quitando uno a uno los escombros de tus catástrofes sentimentales.
Ojalá algún día puedas perdonarte por todo el daño que me has causado.
Ese día, entenderás que sólo quise hacerte feliz, que sólo quería poner un poco de sentido a todo esto.
Y ojalá no me culpes por abrir los ojos y darme cuenta que esto no era más que otra mentira.
Una mentira que tuve que creerme para ser feliz.
Una mentira que me creería mil veces más.
Drogarme con promesas para morir de decepciones ha sido el lema de los dos últimos años de mi vida.
Y creo que ya está bien.
La próxima vez que quiera destrozarme la vida con droga, me tiraré a la heroína.
Creo que soportaré mejor el mono que tengo de ella que le mono que tengo de ti.
Y tampoco hay tanta diferencia.
Los dos sois adictivos, provocáis penas y alegrías, y vais matando poco a poco, lentamente, sin que se note.
Y cuando quieres darte cuenta, es tarde.
El veneno ya está en tus venas.
Soy demasiado cobarde como para cortármelas.
Te odio.
Odio cada risa que has provocado tú.
Odio echar todo de menos.
Odio quererte tanto.
Odio no odiarte.
Pero sobre todo, odio odiarme a mí por tu culpa.
Odio pensar que no soy suficiente ni para ti ni para nadie.
Odio pensar que todo el mundo sale corriendo cuando me conoce de verdad.
Odio sentirme una mierda.
Y odio que nadie venga y me diga lo contrario.

Espero que entiendas que esto no es una despedida, es un grito en silencio para que vengas a rescatarme.
Para, que de una vez, vuelvas a poner en su sitio las piezas del rompecabezas de mi vida que desordenaste por diversión.
Pero, que a mí, me están pasando factura.
Que ya no sé dónde va la pieza del corazón, y la de la cabeza.
Que te pienso hasta con los pies.
Que hasta mis anillos preguntan por tus manos.
Y mis ojos, ya no ven nada.
Porque ya sabes eso de que ''no hay más ciego, que el que está enamorado''.
Ya sé que las segundas partes nunca fueron buenas, pero podemos empezar con la tercera.
Podemos volver a mirarnos en silencio y volver a preguntarme a qué sabe el café que tienes tú en la mirada.
Podemos volver a intentarlo.
Podemos volver a jodernos la vida.
Pero 2, no es igual que 1+1.
¿Te das cuenta?
Me has hecho dudar hasta de la ciencia más exacta que existe.
Me has hecho dudar de mi nombre.
A veces, pensaba que era tuyo, no mío.
Me has convertido en la esclava de una sonrisa.
Sonrisa, que ahora ya no me pertenece.
Sonrisa, que ahora regalas a otra boca.
Llámame hija de puta.
Pero, tienes que saber, que soy lo que soy por ti.
Por tu culpa.
Por enseñarme a querer rápido y mal.
Por tragarme cada una de tus promesas hasta vomitar lágrimas.
Por creer en el amor.
Por pensar que el amor creía en mí de una vez por todas.
Por quererte más que a mí misma.
Por ponerte en el primer peldaño de mi vida sin pensar que, algún día, lo mandarías todo a la mierda.
Me pregunto si en algún momento de tu triste vida, te acordarás de mí, aunque sólo sea un instante.
Si cuando cierras los ojos para darla un beso, deseas encontrarme a mí al abrirlos.
O si realmente ni si quiera tú recuerdas mi nombre.
Y ojalá, que cuando vayas al cine, te enteres de toda la película, pues, a tu lado, ya no habrá nadie a quien puedas meter mano.
Ojalá sueñes conmigo y, al despertarte, no me veas ni abajo, ni encima, ni a tu lado.
Quiero que, cuando vayas a gritar a nuestro lugar, el eco de las montañas te responda con mi nombre.
Quiero que te des cuenta de que yo era capaz de hacerte levantar de la cama, y no sólo llevarte a ella.
Quiero que enciendas la radio y suene nuestra canción y que, al buscar mi mirada cómplice, no encuentres nada.
Quiero que ese nada, sea hoy tu todo.
Quiero que te vayas... que te quiero.

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