domingo, 3 de diciembre de 2017

ahora tengo un buen recuerdo del olor a fritanga de mar

Miro esa foto y es como si volviese al momento exacto en el que fue sacada.
Recuerdo cómo colocaba su pierna entre las mías para dejar mi izquierda también entre las suyas.
Aún puedo sentir cómo me rodeó la cintura con un sólo brazo, y estábamos tan cerca que podía llegar hasta la otra cadera para convertirlo en un maravilloso abrazo.
Yo hice lo mismo, pero con el brazo sobre sus hombros, con la mano agarrándole del derecho... todavía soy capaz de acordarme de esa sensación.
Me encantaba entero, sí, pero siempre termino por descubrir mis debilidades.
Como la que también tenía hacia su cara.
Por eso también la acariciaba con la mano sobrante, mientras él destinaba la otra suya al mismo acto con sus maravillosos dedos en esa pierna que cada vez se oprimía más entre las suyas.
Cómo no íbamos a besarnos, dentro del amor y la felicidad de aquella noche con olor a mar, mientras de fondo oíamos todo el barullo de un paseo marítimo al borde del puerto.
También recuerdo con facilidad que nos sonreímos después de todo aquel segundo en el que una eternidad no hubiese sido suficiente para vivir, y recuerdo que vinieron un par de besos más, o tres, me da igual.
Nos daba igual.
En aquel momento no pensamos que fuese a acabar.
Ahora sólo queda de ello una foto.
El recuerdo de un olor a mar.
Y en mi vida un terremoto.

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