sábado, 29 de enero de 2011

Suena raro que ya no estés.

Hoy ha sido uno de esos días en los que me he despertado y no me quería levantar, tenía ganas de acurrucarme de nuevo en la cama y meter la mano bajo la almohada, no era una cuestión de sueño, o de que hubiera dormido mal, no, era una sensación extraña, una sensación como de que no había ningún motivo por el que levantarse esa mañana, una señal de que tal vez a esa persona le daría igual que te hubieras pasado el día durmiendo, tenía ganas de llorar, de dormir y de soñar, de soñar algo distinto a la realidad, de tenerte un momento más, aunque fuera por ese sistema tan absurdo del sueño. Pero entonces, me levanté, sí, lo hice, pensé que claro que habría alguien que me estaba esperando y que daba exactamente igual que la persona que yo quería no lo hiciera porque habría otras que si estarían dispuestas a hacerlo, pero sobre todo pensé que nadie, nadie en esta vida se merece que tú pases el día en la cama, apenándote o de lo que sucedió o de lo que puedo ser y no fue.

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